miércoles, 16 de abril de 2014

«La vuelta a la tortilla»

Porque somos mujeres o porque compartimos nuestra vida con ellas. Os dejamos este video para esta Semana Santa. Buenas vacaciones y feliz Pascua desde la Psicóloga del cole.


domingo, 6 de abril de 2014

Por qué asistir a las reuniones

Muchas veces, a los padres nos puede dar algo de pereza asistir a las reuniones a las que nos convocan en el colegio. Es verdad que la mayoría de las veces sabemos bien quiénes son nuestros hijos y nos puede parecer una pérdida de tiempo, pero hay varios puntos que creo que nos viene bien a todos reflexionar.

La comunicación con los profesores

  • La comunicación con las personas a las que hemos dejado la responsabilidad de educar a nuestros hijos, debería ser lo más fluida posible.
  • Esta comunicación se está realizando por varios cauces, la agenda, la plataforma... pero estos no deberían nunca sustituir al contacto real con los tutores, porque cuando conocemos a alguien personalmente evitamos muchos malos entendidos.
  • Nuestros hijos aprenden que con el diálogo se previenen, y también se solucionan, la mayoría de los conflictos que las personas tenemos.
  • La información que damos sobre nuestros hijos puede ayudar a que su educación sea mejor, a poder poner entre todos los medios necesarios para ir solucionando sus conflictos escolares y personales. A veces no nos damos cuenta que las personas que trabajan a diario con nuestros hijos no son adivinos y no hacen magia: necesitan de toda nuestra colaboración para conocernos y para que conozcan a nuestros hijos.

La información sobre nuestros hijos

  • La información que recibimos de nuestros hijos también es importante: los tutores nos informan de lo que les sucede y de cómo se comportan durante gran parte de cualquier día. Puede sorprendernos lo que nos cuenten sobre nuestros hijos, pero debemos escucharlo y analizarlo. No debemos olvidar que los tutores son especialistas en la educación integral de nuestros hijos, algunos con muchos años de experiencia; si hiciéramos una multiplicación sencilla, ellos en sólo diez años, han trabajado con trescientos niños de la misma edad. 
  • ¿Y cuando no estamos de acuerdo con lo que nos cuentan sobre nuestros hijos? En nuestra vida siempre se va a dar esta situación: que algo que ha sucedido en torno a nuestros hijos no nos parezca lo más adecuado. Si hemos creado buenos cauces de comunicación con el Centro, será más fácil la solución. Si algo no nos ha gustado, lo mejor es hablarlo con calma; los errores suceden todos los días, los malos entendidos también.
Creo que nos jugamos mucho en estas reuniones: si coincide con lo que sabemos de nuestros hijos, sabemos que, por lo menos, vamos por buen camino para educarles. Si no coincide, habrá que pararse, pensar, analizar y, si es necesario, volver a hablar.

domingo, 30 de marzo de 2014

Educando las emociones

Recordad que en la educación de las emociones nos jugamos muchas cosas que son importantes para las personas: la relación con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nosotros mismos... Se trata de una «asignatura» que tenemos que aprobar obligatoriamente durante toda nuestra vida.

Desde que nace, nuestro hijo se siente correspondido afectivamente y sabe que compartimos con él sus emociones, porque se da cuenta de que estamos pendientes de lo que siente. Educar para que nuestros hijos sean competentes emocionalmente es una tarea cotidiana, que no requiere de recursos especiales salvo en algunos casos o en algún momento puntual como celos exagerados, exceso de timidez, no saber decir que no…

Educar las emociones requiere de un esfuerzo continuo porque no estamos hablando de un aprendizaje que se adquiere y se acabó. En esta entrada solamente os voy a recordar pautas que seguramente ya utilizáis:

  • Aprovechar los dibujos o las series de televisión para que ellos se puedan identificar con los personajes y nosotros podamos dialogar sobre ello con nuestros hijos. No deberían estar muchos ratos solos delante de la televisión sin saber que estén viendo, no todo es para todas las edades y en algunos casos podemos hasta sorprendernos porque lo que están viendo es justo lo contrario a lo que nosotros queremos educar.
  • Leer o contar cuentos e historias que les ayuden a comprender y expresar las diferentes emociones de los protagonistas y a hacerlas suyas.
  • Que nos vean enfadarnos, reconciliarnos, reír, acariciarnos, llorar… entre nosotros y con ellos. No hay mejor escuela que esta. 
  • Escuchar mucho con sinceridad y sin juzgarles. Recordad que las conductas pueden ser buenas, malas y casi siempre regulares, pero las emociones no pueden ser juzgadas, no somos peores ni mejores por sentir rabia, enfado, decepción o alegría. 

Ahora sí, os cuento una pequeña idea para esos momentos más críticos que todos nuestros hijos pasan: El álbum de las emociones.  Para casi todos, una imagen vale más que mil palabras y las emociones son el último recuerdo que se pierde, incluso en enfermedades como el Alzheimer. Os explico brevemente esta propuesta:

  • Buscar una foto o hacer un dibujo de la emoción que en ese día ha predominado (miedo, enfado, celos, alegría, amor, amistad...).
  • Pegar esa imagen en un álbum y al lado expliquemos con palabras sencillas el porqué se han sentido así. Cómo dije en la entrada de la semana pasada ante el mismo acontecimiento no todos sentimos las mismas emociones, por eso es importante saber qué es lo que ellos han sentido y no lo que nosotros pensamos que sienten.

En Psicología hay algo parecido a «la prueba del nueve» de las matemáticas y es algo así: «si somos capaces de hablar de un suceso por muy doloroso que sea es porque vamos aceptándolo y ese es el primer paso para  poder asumirlo en nuestra vida». Busquemos palabras para hablar con nuestros hijos de lo que nos sucede y de lo que les sucede.

domingo, 23 de marzo de 2014

¿Y dónde quedan las emociones?

Puedo asegurar con casi completa seguridad que lo que más os preocupa cuando venís a hablar conmigo es el desarrollo afectivo de vuestros hijos. En algún momento ya os he comentado que los padres somos la imagen en la que nuestros hijos se miran. Es muy importante que aprendamos a gestionar nuestros sentimientos para que nuestros hijos también lo hagan. Voy a comentar algunos aspectos para comenzar la reflexión y, en próximas entradas, os daré algunas sugerencias para trabajar con nuestros hijos y —¿por qué no?—para trabajar también nosotros.
  • Hay que atreverse a descubrir  las emociones.  No es agradable descubrir que tenemos sentimientos negativos o que nuestros hijos los tienen. La ira, el odio, el enfado, el rencor…forman parte del rico mundo emocional del  ser humano, aunque no nos guste vernos reflejados en ellos.
  • Aunque nos suceda lo mismo, sentimos de forma diferente. Las familias que tenéis más de un hijo sabéis de sobra de lo que hablo. Nuestros hijos están educados en el mismo ambiente, con los mismos valores, pero al final ninguno de ellos responde de la misma manera ante el mismo acontecimiento.
  • Decir «estoy bien» es como no decir nada. Tenemos que cambiar el hábito de no expresar los sentimientos y ocultar las emociones. Hay que buscar la precisión en las palabras. No es lo mismo estar alegre que estar ilusionado, y los dos son emociones en las que podemos decir «estoy bien».
  • Cada pensamiento tiene un sentimiento y nos comportamos según lo que pensamos. Esto lo sabemos de sobra los adultos y, cuantos más años tenemos, más experiencia tenemos de ello. Basta con que digamos varias veces «esto no puedo hacerlo» para que una realidad, de manera que parezca que un muro real se ha puesto en nuestro camino. A ellos les pasa igual con asignaturas como matemáticas, lengua... pero también les puede ocurrir con las amistades o con las habilidades sociales.
  • Aceptarse como uno es. Nunca dejaré de insistir  que la autoestima se va formando poco a poco con los comentarios que las personas relevantes de nuestra vida nos van diciendo. Los padres y los educadores tenemos mucha responsabilidad en ello. Quizá esta vez la pregunta sea para nosotros, padres: ¿nos aceptamos como somos? Porque, si la respuesta es negativa, difícilmente sabremos enseñar a nuestros hijos a aceptarse como son.
  • Las emociones siempre son en primera persona y no pueden ser valoradas por nadie. Si mi hijo dice «hoy estoy triste porque he perdido un cromo», nadie puede negar su emoción ni descalificarle como persona, y nadie debería decirle «esto es una bobada». Debemos ayudarle a que su vida no gire en torno a un cromo, pero en ese momento él se siente triste. Os hago una pregunta para que podamos reflexionar juntos: ¿Cuántas veces nos han oído nuestros hijos decir «hoy estoy enfadada porque no he conseguido terminar mi trabajo»?
  • Yo decido lo que cuento y cuándo lo cuento. Lo hacemos sin intención, pero muchas veces parece que exprimimos a nuestros hijos para que nos comenten hasta el más mínimo detalle de sus sentimientos y preocupaciones. Esto sí que es un equilibrio bien difícil, pues tenemos que crear un clima de confianza con nuestros hijos para que, cuando de verdad se metan en un lío importante, puedan contar con nosotros, pero tenemos que tener en cuenta que no podemos invadir su intimidad y su libertad. Nosotros no contamos todo a todos, no pidamos justo lo contrario a nuestros hijos

Hasta la semana que viene. Espero que esta entrada nos ayude a todos a reflexionar cómo gestionamos nuestras emociones.