domingo, 27 de agosto de 2017

Miedo a cambiar (Cars 3)


El otro día vi con mi familia en el cine la película Cars 3, y la primera palabra que me vino a la mente fue «cambio», lo que me dio pie para escribir esta entrada en el blog.

Los adultos sabemos que el cambio forma parte de la vida, que provoca estrés, pero que nos ayuda a madurar. Nuestros hijos afrontan cambios continuos a lo largo de su desarrollo hasta llegar a la edad adulta. Algunos ejemplos de estos cambios son, por ejemplo,  los cambios de etapa educativa (afrontarán 5 o 6 durante toda su escolaridad), la ruptura de la convivencia de sus padres, la muerte de familiares, la enfermedad, el cambio de amistades, el primer amor, y estos solo son algunos de los cambios a los que pueden enfrentarse, unos son cambios externos y otros son internos. Si como adultos no hemos sido conscientes de nuestros propios procesos de cambio, no será fácil acompañar a nuestros hijos en este camino.

Las limitaciones personales (crisis interna) Lo primero que necesitamos hacer para cambiar es darnos cuenta de que ese cambio es necesario en nuestra vida. En la película, Rayo se da cuenta de que ya no es el más rápido y se cuestiona qué debe hacer para conseguirlo, ya que correr y ganar carreras es el sueño de su vida, aunque al principio no quiere ver que la causa de sus derrotas es que él ya no es él mismo que cuando comenzó su carrera automovilística, que ha envejecido.
El cambio generacional (crisis externa) Es una suerte que, en nuestra sociedad, las generaciones venideras están mejor preparadas que nosotros, aunque este hecho pueda hacer aflorar en nosotros el sentimiento de sentirnos excluidos. La forma en la que la película aborda esta idea es, en mi opinión, muy interesante, puesto que plantea lo que debería ocurrir en nuestra sociedad: la experiencia es importante y complementa a las capacidades que tienen las nuevas generaciones, por lo que nadie debería quedar excluido.
La toma de decisiones Una de las mayores dificultades que tenemos las personas para afrontar el cambio en nuestras vidas, es el reconocimiento de que necesitamos ayuda, es lo que se conoce como la fase de negación del problema. En la película, Rayo no quiere asumir que ya es mayor. Necesitaremos la ayuda de familiares y  amigos, pero también de profesionales de la salud como médicos y psicólogos que nos ayudarán a enfocar el problema y a tomar decisiones. 

El protagonista pone en práctica lo que en ese momento cree que es lo  mejor para él, para llegar a su objetivo. En su camino, va a reflexionar en lo que hace de él un «coche diferente». Nosotros no necesitamos ser personas diferente a las que somos. El cambio muchas veces se ve frustrado por muchos motivos, pero el mayor error y el más común es tratar de ser alguien distinto de quienes somos. En la película, Rayo se viste con un traje electrónico del que, poco a poco, se va desprendiendo
El miedo a conseguir nuestros objetivos (el miedo al éxito) puede ser uno de los grandes impedimentos para afrontar el cambio.
En un determinado momento de la película, Rayo descubre y acepta el nuevo rol que quiere desempeñar en su vida, sin renunciar a sus sueños y sin dejar de ser quién es. Para llegar a este convencimiento, ha tenido que superar varias etapas: desde la insatisfacción personal hasta llegar a la aceptación y satisfacción de esta nueva etapa de su vida.






jueves, 17 de agosto de 2017

Una imagen vale más que mil palabras

Hola. Espero que las vacaciones vayan bien y estén sirviendo para desconectar de la rutina y disfrutar de la familia. Perdonad que os interrumpa en este periodo vacacional, pero creo que la ocasión lo merece. Como bien sabéis por las noticias, ha ocurrido un atentado muy grave en Barcelona. La experiencia nos ha enseñado que si exponemos en exceso a nuestros hijos a las imágenes que la televisión nos ofrece, ellos pueden acabar viviendo como real y propio esta acontecimiento y acabar sufriendo estrés postraumático. Esto fue lo que ocurrió en el 11 de septiembre, en el 11 de marzo y en otros sucesos que a todos nos han conmocionado. Para los niños, igual que para los adultos, una imagen vale más que mil palabras. Busquemos, como alternativa, cuando ellos estén presentes otros medios de información como la radio, los periódicos, la información digital y evitemos, también, que todas nuestras conversaciones giren sobre ese tema.
Cuando ellos nos pregunten por la muerte, les tenemos que dar la seguridad de que, en situaciones normales, nosotros sus padres y sus hermanos viviremos muchos años, porque lo normal es que las personas mueran cuando ya son muy mayores. Ellos buscan la seguridad afectiva y nosotros tenemos que ofrecérsela sin por ello mentir. A cada edad le corresponde una explicación que los hijos puedan comprender a nivel intelectual, pero también afectivo.
Un saludo y espero que vosotros y vuestras familias estéis bien. Nos vemos pronto.

sábado, 12 de agosto de 2017

«Quién no conoce abuela, no conoce cosa buena»

El título de esta entrada era uno de los dichos más repetidos de mi abuela paterna, y creo que tiene razón. En mi caso lo hago extensivo también a los abuelos. Mi infancia está llena de historias con mis abuelos, especialmente en las vacaciones de verano o en navidades. Lo que más recuerdo de ellos es el gran amor que me tenían, y que se expresaba en actividades cotidianas como ir a comprar con ellos, o ir al parque a dar de comer a los patos (en mi caso a Campo Grande, puesto que soy de Valladolid), o las comidas infinitas en las que  siempre tenías que comer más, o las partidas de cartas, o jugar al parchís o la oca, y esta lista se hace interminable con todos los años vividos junto a  ellos. Como todas las relaciones profundas y que dejan huella en nuestro corazón, estas se construyen a través de momentos cotidianos y de cuidado mutuo.

La familia extensa, que forman abuelos, tíos, primos y personas muy cercanas al núcleo familiar, es fundamental para el desarrollo psicológico de nuestros hijos, ya que ellos aprenden diferentes maneras de querer y de ser queridos. 
En la actualidad, muchos abuelos se han convertido en un pilar importante en la vida cotidiana de los nietos. Les llevan al colegio, les dan la comida, les llevan a las actividades extraescolares, entre otras labores. Pero su manera de cuidar y de querer siempre será diferente a la de los padres. Sé que algunas veces esta relación no es sencilla y que requiere de mucho diálogo.
Esta entrada solo pretende que recordemos a nuestros abuelos con cariño, y que trasmitamos este cariño a nuestros hijos, para que aprendan a cuidar a los abuelos como ellos lo hacen con ellos.
Ahora son mis hijos los que viven la experiencia de disfrutar de sus abuelos, y espero que, dentro de algunos años, ellos puedan tener el mismo recuerdo entrañable y agradecido que tengo yo por los míos. 

Un saludo para todos, y seguid disfrutando de este mes de agosto.